1.11.12

Educación y Progreso

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Las negrillas y separación de algunos párrafos son para efectos de estudio.
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EL MITO DE UNA EDUCACIÓN PARA EL PROGRESO.
Oscar A. Fernández O.
 
“Hay momentos de la historia en que el progreso es reaccionario y la reacción es progresista". Ernesto Sábato.

Es contradictorio que en un mundo globalizado, es decir integrado, en particular por los medios de comunicación (fax, satélites, redes informáticas, etcétera) mayor sea la sensación de desamparo e incertidumbre de las personas. El recurso a la tecnología es una manera de negar que en realidad se trate de una decisión política. El resultado en el plano social es una decepción generalizada que se está convirtiendo en ira, un caldo de cultivo para las grandes tragedias humanas que ya empezamos a lamentar y que sólo la ceguera de los gobernantes y del implacable capital no puede prever para resolver, pero sí para reprimir. El hambre es la tragedia que abarca el mundo, antes solo era África hoy es también América Latina y Asia, es decir dónde habitan las 2/3 partes de la humanidad.
 
“La iluminación y las revoluciones burguesas no hicieron rebelión en el cielo sino que lo destituyeron, pero en el mismo movimiento lo sustituyeron recuperándolo en una dimensión diferente. En el lugar del cielo religioso transmundano pusieron el progreso infinito, producto de una alianza entre tecnología y empresa, laboratorio y fábrica. Constituyeron una religión intramundana que como mito fundante tiene el del progreso infinito. El infinito cuantitativo de este progreso es ahora el cielo intramundano. Se trata de una trascendencia externa a la vida humana que impone una tensión hacia el futuro que no permite descanso jamás (funciona como un látigo); una trascendencia perfectamente intramundana, porque resulta de una simple proyección al infinito de desarrollos técnicos presentes. Al destituir el cielo de las religiones tradicionales se constituye el cielo del progreso infinito”. (F. Hinkelammert).
 
Por eso, no es casual que uno de los temas en boga sea el de la globalización económica capitalista, es decir la imposición de las reformas que el gran capital requiere para su pleno desarrollo y expansión, y tampoco es casual que al mismo tiempo asistamos a la gran paradoja de a mayor crecimiento económico, mayor es la población que queda excluida de los beneficios y necesidades para una vida digna. Esto se demuestra con el creciente número de desempleados, tantos como para el capitalista le imponga sin cortapisa, sus propias condiciones. Si alguien se considera explotado e irrespetado y renuncia de su trabajo, no menos de cincuenta personas está dispuestas a remplazarlo. Es la totalidad desintegradora que fragmenta la lucha social y en especial la de los trabajadores.
 
El mito del progreso es irracional pues vivimos con una explicación fantasiosa de un modelo teórico de prosperidad que no ha demostrado su basamento científico y en la realidad se evidencia con cara de tragedia humana. Es una “verdad falsa” pues es incapaz de resistir los criterios de veracidad históricamente válidos y queda descubierto como lo que es: una fábula, un producto de la imaginación, que se nos ha infiltrado en silencio para acallar la frustración y el desaliento de las mayorías. Muy bien lo dijo el prolijo literato: “Frente al frígido museo de símbolos algebraicos sobrevivía el hombre carnal preguntándose para qué servía el gigantesco aparato de dominio universal si no era capaz de mitigar su angustia ante los dilemas de la vida y la muerte”. Iggers (1965, pp. 1-17) argumentaba que
el gran fracaso de los profetas del progreso, es debido a que éstos subestiman el alcance destructivo del hombre,

sumado a la irracionalidad depredadora sin antecedentes, del sistema capitalista.
 
Es necesario desmitificar la idea del “progreso” capitalista. La imagen representada del progreso es comúnmente asociada al desarrollo de nuevas tecnologías con ciencias cada vez más precisas, que hacen posible lo que creemos solo un sueño. (Ribera: 2012) En clave marxista: el desarrollo de las fuerzas productivas. El progreso es este desarrollo incesante, desenfrenado, que transforma todo a su paso.
 
En la moderna sociedad burguesa, los “avances” en cuanto a tele-comunicaciones y transporte nos son indispensables, o por lo menos, sabemos que la vida de la sociedad sería muy distinta sin ellos. En clave marxista: el desarrollo de las fuerzas productivas está directamente relacionado a la transformación de las relaciones de producción. Es decir, la forma que vivimos diariamente, como nos relacionamos con el trabajo, con el consumo, con la ideología y la naturaleza.
El capitalismo está en guerra contra las sociedades libres, está en guerra contra lo público, contra aquello que nos hace, a la mayoría social, libres.

Esa es la gran batalla para la que debemos estar preparados.

El ámbito de la educación por su contenido siempre conflictivo y complejo, ha sido objeto de mucha mitología que no se asume como tal, sino como la verdad que hay que aceptar.
 
Las políticas y reformas educativas de moda en una realidad conflictiva y compleja como la nuestra, desarrollan un discurso afín al proceso globalizador y a una realidad estática, compartimentada y predecible. Paulo Freire lo dice así: “El maestro expone tópicos alejados de la experiencia existencial del estudiante...llena a los estudiantes con los contenidos de su narración, con conceptos desconectados de la totalidad que los engendra y les puede dar significado. Las palabras son huecas, alienadas y se convierten en verbosidad alienante”.
 
El tema de la globalización y el de la educación están ligados estrechamente, pues los recientes estudios de Desarrollo Humano de la ONU y un documento de la CEPAL llamado “Conocimiento y Educación, ejes de transformación productiva con equidad” (1994) indican que es imposible comprender una Reforma Educativa sin que al mismo tiempo se involucre a la economía, espacio privilegiado de la globalización. No en vano el BID y el BM se sitúan a la cabeza de esta problemática.
 
Estos entes globalizadores, en un “golpe de pecho” frente al aparecimiento de cuantiosos conflictos sociales en estas dos últimas décadas de ajuste estructural, sostienen que con la educación y sólo a través de ella, se resolverán los problemas de incremento de la marginación, desempleo y extrema pobreza. Pero esta aspiración además de ingenua es quizás hasta perversa, pues no resulta aceptable si queremos actuar con rigor y firmeza frente a los históricos problemas de la educación en nuestras realidades. Separar la educación del conjunto de problemas sociales y aspirar a soluciones unilaterales y descontextualizadas, es un grave error.
 
La búsqueda de derroteros para la determinación de la calidad educativa, nos lleva a examinar el tema desde una posición alienada al mercado que envuelve todo, una realidad tan tangible y al mismo tiempo tan inasible e insensible a la vida y las aspiraciones humanas.
 
Un modelo histórico educativo como el nuestro, que tiene como norte la competitividad, la productividad, la eficiencia, los insumos, los procesos, los productos, la reducción de costos, el aumento de beneficios, las tasas de retorno, en suma el mercado, genera un reduccionismo que a la postre, constituirán los criterios que han de prevalecer para resolver la calidad de la educación y por ende de la humanidad. Por ejemplo, es común que existan cientos de escuelas, decenas de institutos superiores y universidades y escuelas muy “selectas” y costosas, muy bien adaptadas a las exigencias del mercado local, que imparten la preparación académica a sus alumnos como parte de los “planes técnicos”, “para enfrentar los retos de un mundo globalizado y organizado a través de la competencia” (¡!), como decía el informe de México en 1995, en la reunión técnica de la CEPAL, Brasil.
 
Por su parte el BM y el BID, usando el eufemístico y deshumanizante concepto de capital humano, son contundentes al declarar la necesidad de formar trabajadores con capacidades “polivalentes”, “flexibles”, “creativos”, por lo que los sistemas educativos deben asumir las transformaciones productivas. Cuanto mayor intercambio educativo se inserte en el mercado, es decir, cuanto más valor de cambio tiene, más se acerca a ser considerado un producto de calidad. Por supuesto que se trata de la calidad de los “incluidos”, de los “integrados” no de las inmensas masas de “excluidos” o “marginales”.
 
La esperanza continua vigente en los padres, profesores y estudiantes, en el pueblo en general, que en su dura batalla diaria por la supervivencia sufren y sienten que esta alucinante realidad neoliberal es en el fondo inhumana. Si nos sumamos todos a esa expectativa, podemos construir una educación que en lugar de proporcionar capital humano, le proporcione humanidad al ser humano. Si no lo hacemos pronto, es mucho lo que ponemos en peligro.
 
El progreso del capitalismo, cuyo velado fin es la decadencia y el auto exterminio expresado como mercado global y gobierno mundial, así como la decadencia moral cuyo fin es el progreso expresado en la acumulación material de bienes y la concentración de servicios infecundos, parecieran entonces ser las dos caras de la moneda del mito progresista. Las caras de la confianza en el avanzar del saber-hacer para dominar la naturaleza como amos. Pero quizá exista otra cara, la cara de la crítica al progreso que señala las desastrosas consecuencias de la fe ciega en el progreso, fe que sólo beneficia a los poderosos (Hornedo R.: 2008) El progreso como todos los mitos expresa aquello que no ha acaecido nunca pero que siempre existirá. Nietzsche escribió en El crepúsculo de los ídolos: “Pero al hombre no le es dado ser cangrejo. No es posible, es menester ir hacia adelante, es decir, avanzar paso a paso, adelantando en la decadencia (esta es mi definición del progreso moderno)”
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9.9.12

Debate sobre Educación Superior

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Las negrillas, sangrías y separación de algunos párrafos se realizan para efectos de estudio.
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El debate internacional sobre la educación superior visto desde El Salvador

Por Roberto Pineda
9 de septiembre de 2012 


Introducción

El actual conflicto entre imperios y resistencias populares se expresa en una gran multitud de rostros y situaciones, y  abarca la totalidad del planeta. Uno de estos miles de rostros, muchas veces oculto por el velo de los medios, es el debate internacional sobre la educación superior.

No es el único. Existe el rostro militar que se manifiesta como intervenciones, conflictos locales o regionales. La situación de guerra en Afganistán es parte de este rostro. Así como lo ha sido Irak, Libia y amenaza con serlo Siria e Irán. Esta también el rostro que se manifiesta al interior de la OMC, en la disputa por sanciones e imposición de acuerdos comerciales. 

El rostro que asoma sus ojos diplomáticos desde la ONU y su disputado Consejo de Seguridad. Y a nivel regional en América Latina y el Caribe se registra el mayor enfrentamiento político del planeta, surgen expresiones avanzadas como el proyecto del ALBA, UNASUR y CELAC. 

Y la OEA se encuentra en crisis. En nuestro caso como país el escenario es el SICA, formado en 1993 por los gobiernos centroamericanos y Panamá. Esta también el rostro que se  esconde en la lucha por los recursos minerales, por el agua, por el gas natural, por los hidrocarburos. 
A nivel de universidades la disputa internacional se realiza al interior de la IAU. A nivel de universidades centroamericanas, está el CSUCA, formado en San Salvador en 1948.
Asimismo esta la lucha por el control de la información y la tecnología. Aquí la CNN se enfrenta a medios alternativos como Telesur y Al Jazeera.Y es desafiada por Julian Assange y WikiLeaks.  Incluso la disputa se realiza a nivel de las religiones y los idiomas, los espectáculos y del deporte.

Recién  concluyeron los Juegos Olímpicos de Londres en donde el medallero reflejó la brutal disputa por los primeros lugares: EE.UU., 104, China, 88, Gran Bretaña, 65, Rusia, 82, Corea, 28, Alemania, 44, Francia, 34, Italia, 28, Hungría, 17 y Australia, 35. Los imperios todavía  predominando.  En fin, una multitud de rostros, un racimo de conflictos. Y en cada uno de estos escenarios existen momentos de mucha tensión y momentos de quietud.
La comprensión de las melodías y los códigos de esta polémica sobre la educación superior, es vital para la construcción de una estrategia que nos permita en El Salvador, defender la gloriosa tradición de la UES como una universidad subversiva, por lo tanto científica y comprometida.

A continuación exponemos brevemente los puntos esenciales de esta polémica simbolizada  por las posiciones teóricas del Banco  Mundial por una parte, y de la UNESCO por la otra, así como la forma como estas posiciones se manifiestan en el plano local, tanto  a nivel de políticas gubernamentales como de políticas universitarias. Finalmente reflexionamos sobre las perspectivas de desarrollo de este debate.

Imperio, resistencia, universidad

Los imperios controlan las fuentes de conocimiento y de investigación. El desarrollo científico y tecnológico está orientado a garantizar el predominio de los países dominantes y globalizadores, que son los imperios actuales que dominan los grandes laboratorios y poseen las grandes bibliotecas.

Por su parte, los países y pueblos en resistencia, los países globalizados,  necesitan construir su propio diseño académico en la educación que responda a sus propias necesidades de desarrollo y les permita disputar en parte, el control que ejercen las políticas internacionales vinculadas a la educación superior.

Las universidades de los países globalizados encarnan la dicotomía de por una parte, reflejar  la influencia y estar sometidas  al control de los centros imperiales de elaboración de pensamiento y por otra parte, la necesidad de convertirse en  instituciones al servicio de la autodeterminación nacional y búsqueda de sus propios paradigmas de desarrollo.

A nivel internacional, la correlación de fuerzas favorece decisivamente a las universidades “de primer nivel” subordinadas a los centros mundiales de poder financiero, las cuales disfrutan de multimillonarias alianzas estratégicas con la industria farmacéutica, aeroespacial, de alimentos e incluso la de producción de armamentos.

No es casual que Estados Unidos y su sistema universitario encabece los diversos listados  de clasificación de universidades o ranking, y se posicione como la nación con los más prestigiosos centros universitarios de docencia e investigación, incluso hasta en el estudio de las realidades de nuestra región latinoamericana y caribeña.

Uno de los más reconocidos rankings es el elaborado por la Universidad Jiao Tong de Shanghái (RPCh), el cual clasifica a 500 universidades con base a criterios de calidad como nivel de estudiantes, docentes, centros de investigaciones y publicaciones.

Entre las 4 primeras universidades de los países globalizadores, que encabezan este listado se encuentran las estadounidenses Harvard, Berkeley, Stanford y MIT, en quinto lugar la británica Cambridge, y de nuevo EE.UU. recupera la hegemonía con el Instituto Tecnológico de California, Princeton, Columbia, Chicago, y en decimo lugar  la británica Oxford.

De estas 500 universidades seleccionadas, únicamente 73 son de los países globalizados, y no precisamente en los primeros lugares.  Pero es importante rescatar algunas para identificar tendencias, En los rangos de 102 a 150 se ubica la Universidad de la ciudad de Sao Paulo, Brasil y las de Taiwán, Singapur y Seúl. En los rangos de 151 a 200, la UNAM y la UBA, así como Shanghái, Beijing, y Hong Kong. En los rangos de 201 a 300, Campinas (Brasil), Ciudad del Cabo (RSA). En los rangos de 301 a 400, Teherán (Irán) e India. 
La UES ni sueña con aparecer en este exclusivo listado. Pero si aparece en el ranking Iberoamericano, ocupando el año pasado el lugar 574, de un total de 1368 universidades evaluadas, que la coloca en el primer lugar nacional, seguida por la UCA, luego por la UTEC, la Evangélica y en quinto lugar, la José Matías Delgado.  Este ranking evalúa producción científica, nivel de colaboración internacional, calidad científica promedio y artículos publicados en revistas de prestigio.
 Este posicionamiento internacional está relacionado con la polémica abierta entre los planteamientos elaborados desde el Banco Mundial en Washington y por otra parte, las ideas que surgen desde las conferencias de la UNESCO, lo que  nos da una idea de los contornos de esta importante discusión internacional.

El Banco Mundial ataca de nuevo

En octubre del año pasado el Banco Mundial divulgó en la capital estadounidense  su último informe sobre la educación superior y lo tituló “El camino hacia la excelencia académica: la gestación de universidades de investigación de primer nivel.”

En este informe, luego de analizar en once capítulos, diversas experiencias universitarias  a nivel global,  se concluye en tres grandes tesis: la primera es que una universidad para ser exitosa necesita concentrar en su seno a una gran cantidad de académicos y estudiantes talentosos. Esta premisa permite que este centro de estudio se convierta en una institución prestigiosa.

En segundo lugar, necesita aprovisionarse de un cuantioso presupuesto. La única vía para contar con universidades que desarrollen investigación de primer nivel es mediante cuantiosos recursos, que deben de ser asignados por sus respectivos estados, lo cual se vuelve muy difícil dada la grave crisis económica mundial. 

Y en tercer lugar, se necesita lo que el Banco Mundial llama liderazgo y visión estratégica. La cual consiste en la flexibilidad para insertarse en campos donde se promueva la competitividad, innovación y creatividad, como pilares de la investigación científica de primer nivel. Sin duda alguna el Banco Mundial está hablando de las corporaciones y el sector privado en general.

Estas son las conclusiones luego de analizar  las experiencias de universidades llamadas exitosas de África, Asia, América Latina y Europa oriental. En el caso de nuestra región, se toma como  modelos las experiencias universitarias de Chile y el Tecnológico de Monterrey, México.

El interés del Banco Mundial en este tema no es nuevo. Ya en el pasado ha publicado “informes” que han servido como guías para la concesión de préstamos  a países con gobiernos que sigan estas recomendaciones. En septiembre de 1993, cuando el mundo se ajustaba a un nuevo orden internacional, publicó un informe titulado “La educación superior: lecciones de la experiencia.”

En ese trabajo el BM señalaba que los recursos destinados a la educación superior no eran utilizados con eficiencia, y que los gobiernos de los países emergentes deberían de priorizar la educación primaria y secundaria; la cual permitía lograr una tasa de retorno social mayor que la del nivel superior.

Y asimismo “sugería” que los gobiernos deberían de ahorrar costos mediante la supresión de la gratuidad, el establecimiento del crédito educativo y el fortalecimiento de la educación superior privada, medidas que fueron obediente y disciplinadamente observadas por los cuatro gobiernos de ARENA y que tristemente todavía mantienen su vigencia durante el gobierno del presidente Mauricio Funes.

La posición de la UNESCO

En el año 2009 la UNESCO,  Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura, realizó en París, Francia, una Conferencia Mundial sobre la Educación Superior en la que definió los lineamientos básicos en esta materia. El tema de la reunión fue el de “las nuevas dinámicas de la educación superior y la investigación para el cambio social y el desarrollo.” Y uno de los propósitos fue el de hacer un balance de la última conferencia internacional celebrada en 1998.

En su Declaración Final  afirman como principio que “la educación superior es un bien público y un imperativo estratégico para todos los niveles de educación. Las bases para la investigación, innovación y creatividad debe ser una materia de responsabilidad y de apoyo económico por los gobiernos como está enfatizado en la Declaración Mundial sobre los Derechos Humanos. La educación superior deberá ser accesible igualmente a todos con base en los méritos, artículo 26 parágrafo 1.”

Sostienen firmemente que “la actual caída económica podría ampliar el desfase o la diferencia en el acceso o las cualidades entre los países desarrollados y los países en desarrollo y dentro mismo de los países presentando desafíos adicionales a los países donde el acceso ya está restringido. En ningún tiempo de la historia ha sido tan importante invertir en la educación superior como una fuerza importante y mayor en la construcción de una sociedad y el conocimiento diverso e inclusivo para el avance de la investigación, innovación y creatividad.”

Asegura la declaración que “la década pasada proporciona evidencias de que la educación superior y la investigación contribuyen a la erradicación de la pobreza, el sostenimiento del desarrollo y el progreso hacia el logro de objetivos de desarrollo internacionalmente acordados incluyendo los objetivos del milenio y la educación para todos. La agenda de la educación global debería reflejar estas realidades.”

Considera como responsabilidad social de la educación superior la de “adelantar nuestra comprensión de temas multifacéticos que envuelven aspectos sociales, económicos, científicos y dimensiones culturales y nuestra habilidad para responder o actuar sobre ellos. Deben liderar la sociedad en la generación de conocimientos globales para atender los desafíos globales entre otros: la seguridad alimentaria, el cambio climático, La administración del agua, el diálogo intercultural, la energía renovable y la salud pública.”

Establece la declaración de la UNESCO que  “las instituciones de educación superior a través de sus funciones principales que son: la investigación, la enseñanza y el servicio a la comunidad llevados adelante en el contexto de la autonomía institucional, la libertad académica debería aumentar su foco interdisciplinario y promover pensamiento crítico y activar ciudadanía que contribuya al desarrollo y al avance de la sostenibilidad del desarrollo, la paz, el bienestar, el desarrollo y la realización de los derechos humanos incluyendo la equidad y género.”

Subraya que “las instituciones de educación superior a través del mundo tienen una responsabilidad social de ayudar a reducir la diferencia en el desarrollo, incrementando la transferencia del conocimiento a todos los sectores, especialmente hacia los países en desarrollo y trabajar para encontrar soluciones comunes que fortalezcan la circulación de cerebros y aliviar el impacto negativo de la fuga de cerebros.”

Es claro que esta visión humanista de la UNESCO choca  con el pensamiento centrado en el mercado que se desprende de los documentos del Banco Mundial. Y no es de este momento, ya en 1995 se discutió una posición con el título de “Documento sobre políticas para el cambio y el desarrollo de la educación superior” en el que se planteaba la tesis que esta contribuye al desarrollo.

Así también se expresaba en aquel momento la necesidad de combinar la exigencia de universalidad con el imperativo de la pertinencia, como responsabilidad frente a la sociedad. Se planteaban tres núcleos de reflexión: la pertinencia, la calidad y la internacionalización.

La experiencia de El Salvador y la posición de la UES

El periodo del conflicto armado (1980-1992) modificó profundamente las relaciones entre universidad y estado.
La UES jugó el papel en diversos momentos de retaguardia estratégica de la insurgencia.
Hubo un claro y permanente enfrentamiento político e ideológico. Y desde antes, en el periodo anterior, el de la dictadura militar (1932-1982)  la universidad cumplió el obligado papel de oposición política al régimen.

El régimen militar  respondió castigando a la universidad con la represión y el ahogamiento presupuestario y hasta con intervenciones. Así como con la promoción a partir de 1980 de una explosión de universidades privadas. Los sectores populares por su parte, premiaron a la universidad con un merecido cariño y reconocimiento.

Con la firma de los Acuerdos de Paz  en 1992 y la apertura de un nuevo ciclo histórico de perfiles democráticos, la universidad  se vio desplazada en su rol social por la emergencia del FMLN como partido político, y además ante el desenlace negociado del conflicto, se encontró en una crisis de identidad muy profunda, que concluyó en la desactivación de su andamiaje organizativo (Unidad Universitaria) así como en la pérdida de su identidad  con un proyecto popular de cambio.

Durante los cuatro gobiernos de ARENA (1989-2009) la universidad se fue alejando de los sectores populares. En especial durante los gobiernos de Calderón Sol, Flores y Saca.
En el 2006, durante el gobierno de Saca y la rectoría de la Dra. Rodríguez,  las autoridades universitarias trataron de impulsar un proyecto privatizador mediante un préstamo del BID. Pero este intento fracasó como resultado del rechazo de la comunidad universitaria.
Pero este alejamiento de los sectores populares no se tradujo en un fortalecimiento académico. La estrategia de la derecha académica fue el de abandonar la UES y construir y fortalecer sus propios proyectos universitarios., UJMD, ESEN. Y han avanzado bastante por este camino.

La llegada en el 2009 del gobierno de coalición entre el presidente Funes y el FMLN, no significó ningún cambio sustancial en las relaciones entre UES y estado.  Desde el Ministerio de Educación se le dio continuidad  a las políticas de educación superior diseñadas por los gobiernos areneros. 

Perspectivas

El diseño de una política de educación superior no puede ya restringirse a la UES. Pero tampoco puede negar su carácter de ser la única universidad pública del país. En este sentido, es crucial para la UES definir con claridad su proyecto académico. Pareciera ser que la casi fusión existente con los sectores populares en el pasado, lo cual fue necesario pero no era adecuado, ha dado lugar a una situación opuesta de casi separación, y convertido a la UES en una isla.

Lo cual tampoco es conveniente y explica la ausencia de propuestas desde la academia hacia la sociedad. La UES se ha alejado de sus raíces populares. Y los sectores populares le responden abandonándola. La reconstrucción  de este vínculo del reconocimiento es una pieza clave para definir un rumbo académico pertinente.

Y para que la UES recupere desde su naturaleza académica este vínculo perdido y necesario.  O  como parece que está sucediendo, se  reconstruya la relación también con raíces históricas, con los sectores dominantes del país. Son dos posibilidades que pueden convertirse en realidades.

Otro elemento esencial es la cohesión interna. Pareciera ser que la visión jurídica como corporación ha rebasado la tradición histórica de comunidad. Pareciera ser que la energía que antes se proyectaba hacia la sociedad como conciencia crítica hoy se manifiesta como conflictos permanentes y estériles entre los diversos componentes de la UES. La confianza y cooperación del periodo de la guerra se han convertido en rivalidades y disputas, incluso y principalmente entre las fuerzas de izquierda.

Reconstruir este tejido dañado no será fácil, pero si vital para lograr impulsar el renacimiento de la UES,  y en esto juega un papel esencial, la alianza entre estudiantes y docentes. La prolongada ausencia ya por 12 años de AGEUS es muy reveladora de la situación de la UES.

Y un tercer elemento es el de la legitimidad. La UES era antes respetada por su capacidad de propuesta científica.  En los más difíciles momentos de represión e intervención militar, la voz universitaria tenía  su propio sello reconocido de protesta y propuesta.

Hoy prevalece el silencio. La sociedad salvadoreña va a respetar  de nuevo a la UES en la medida que recupere su carácter de conciencia crítica, o sea su naturaleza subversiva, en la línea de los postulados de la UNESCO.  O se va a olvidar de ella en la medida que abrace los postulados privatizadores y elitistas del Banco Mundial.
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20.6.12

Defensa de la Educación Pública

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Las negrillas, sangrías y separación de algunos párrafos son para efectos de estudio.
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"La soberanía del hombre está oculta en la dimensión de sus conocimientos".
Francis Bacon.

EN DEFENSA DE LA EDUCACIÓN PÚBLICA DE CALIDAD
Oscar A. Fernández O.

La educación es un valor público inestimable y está establecido en nuestra Constitución como una obligación primaria del Estado. El “bien público” se puede definir de varias formas, en general se trata del producto de primera necesidad al que el pueblo no tiene acceso en el mercado. Sobre todo cuando se involucran los derechos de las personas. Esto justifica y obliga la intervención del Estado, para asegurar a todos /as los /as ciudadanos /as, el suministro de bienes diversos como la seguridad pública, la preservación del ambiente, la salud pública, entre otros.

La necesidad de los ciudadanos en la actualidad, también obliga al Estado a la regulación, supervisión y aseguramiento de la calidad educativa. El mercado libre tan en boga hoy, no es capaz de asegurar esta calidad y cobertura necesaria de una educación “socialmente aceptable”. Es decir, un valor convencional en el mundo actual, educación para todos y de calidad, para asegurar el triple objetivo social o público: la integración e independencia nacional, el crecimiento económico y la superación de la pobreza.

Desde la lógica pragmática neoliberal, el sistema educativo es analizado en relación a tres ideas fundamentales: eficiencia, eficacia y calidad, que fueron originalmente acuñadas por la pedagogía estadunidense del “eficientismo” industrial que traslada al campo pedagógico y, en general al de las ciencias humanas, conceptos empresariales. De esta manera, se vincula lineal y mecánicamente el sistema educativo con el aparato productivo, subordinando el primero a los intereses del segundo. Se considera a la educación como producción de capital humano, como inversión personal y colectiva, la cual debe, por lo tanto, ser rentable en términos económicos.

En este momento la desigualdad educativa sigue siendo el principal problema a resolver, reflejo de la desigualdad social profundizada por las dictaduras militares y la dictadura económica neoliberal.

Veinte años de neoliberalismo aplicado a rajatabla nos dejan una educación pública de mala calidad para las clases empobrecidas, una educación privada subsidiada para las clases medias y una educación exclusiva para ricos (incluso financiada por el Estado)
Aun con los esfuerzos que el actual Gobierno del cambio está haciendo para transformar esa realidad, una lacerante desigualdad sigue vigente.

El neoliberalismo en complicidad con los Estados entreguistas continúan deteriorando los sistemas educativos públicos. Instituciones financieras internacionales, entre ellos el Banco Mundial, son cómplices de ello. Dichos sectores han culpabilizado tanto el sentido de lo público, como a los educadores, del deterioro de la educación pública. Todo esto ha conformado discursos y prácticas deliberadas para desprestigiar el sistema de educación pública en la sociedad e instalar el comercio de la educación. Así se pretende excluir la capacidad del Estado para garantizar la calidad y el sostenimiento, de la educación, convirtiéndola en otra actividad económica a ser desarrollada por la empresa privada nacional y transnacional.

Un tema impostergable en la agenda educativa de nuestros países, es redoblar esfuerzos a fin de que las escuelas que atienden a las comunidades más remotas y marginadas cuenten con los elementos necesarios para brindar una educación inclusiva y de calidad. Este carácter de bien público de la educación, lleva a un principio inalienable en este campo, las subvenciones estatales deben dirigirse a los empobrecidos y excluidos.

Sin embargo, la educación es también un bien privado, para los que tengan las condiciones de acceder a ella. El aprendizaje se refleja en cada estudiante, es un “bien divisible” dicen los economistas y significa una alta rentabilidad privada. Las sociedades modernas determinan el status del individuo, en el ingreso económico (capital), el poder (político) y el prestigio, como afirma Max Weber.

En la teoría del capital humano (Becker 1964) la idea básica es considerar a la educación y la formación como inversiones que realizan individuos racionales, con el fin de incrementar su eficiencia productiva y sus ingresos.
Según Marx, instituciones como la escuela pertenecen a la superestructura, y por lo tanto se organizan de acuerdo con las relaciones sociales de producción dominantes (infraestructura), adaptándose a los intereses de la clase social hegemónica (Fernández 1985).

La ambivalencia de la educación como bien público, establece que la “educación privada” suministra un “bien público”, el cual el Estado debe garantizar y regular.

Los intereses privados son un bien legítimo, en tanto no contradigan el interés público.
El Estado democrático y de verdadero derecho, por lo tanto, debe mostrar una dedicación de manera exclusiva e inalienable de las autoridades, a la provisión de bienes públicos. Todo lo contrario a lo que plantea el neoliberalismo para nuestros países globalizados.

La debilidad del proyecto público se manifiesta de muchas maneras y tiene consecuencias múltiples, resumiéndose en que la educación no ha contribuido a la integración nacional, al crecimiento económico y a la superación de la pobreza, como lo demuestran estudios e investigaciones recientes, nacionales e internacionales. La América Latina, que es nuestra región, pese a ser un territorio relativamente joven, sufre desde hace años los niveles más altos de desigualdad en el ingreso a nivel mundial y en los últimos tiempos, antes que ver decrecer el problema, se le ha visto con tendencia a acentuarse.

En la educación como diría Carlos Fuentes, existe una barrera de cristal que separa la educación de las clases altas de la del resto de la sociedad. En Latinoamérica el sistema social mixto (público- privado) por regla general, es un mecanismo de abierta segregación social y no como complemento de masificación de la educación. Una es para los privilegiados y otra es para las mayorías. Y el privilegio de acceder a la calidad, se traduce en cuánto se paga.

Este dualismo tiene una implicación adicional: la educación pública no figura entre las preocupaciones vitales de la clase privilegiada de El Salvador.

Esta ausencia es mayor entre más segregada este la sociedad y en particular el sistema escolar. Al contrario esta clase no percibe de hecho la educación pública más que como fuente de problemas: déficit fiscal, huelgas magisteriales, marchas estudiantiles y pandillas. Con un Estado hecho para servir a una burguesía dominante hostil y desintegradora, no será fácil para un gobierno popular y democrático, crear la escuela integradora y “poli-clasista” que existe en mayor o menor grado en otros países. Este proyecto debe fundamentalmente tener a la base el involucramiento activo y permanente de todos los actores en un proyecto genuinamente nacional de educación.

La primera cuestión para lograr lo anterior es detener y revertir la privatización pública, en tanto significa el enriquecimiento de la clase privilegiada y la enajenación de los bienes de la sociedad salvadoreña. Este mecanismo que promueve la privatización del “bien público”, es usado de forma clientelista, que se expresa como la apropiación por parte de los ricos y sus testaferros políticos, para asegurar sus puestos y otros privilegios personales y de poder. Por tanto es comprensible que en Latinoamérica haya una larga trayectoria de lucha burocrática escolar y estudiantil del sector público, que ha logrado importantes cambios. Hay que continuarla.

Sin embargo, no debemos ser limitados, las modificaciones y ampliaciones del sistema educativo se continúan haciendo en el marco de las relaciones sociales capitalistas de explotación, dominación y subordinación. Lo que implica que se trata de una educación con una marcada orientación de clase burguesa, y ya es sabido que las ideas dominantes son las ideas de la clase que detenta el poder de facto y manipula al Estado en favor de los intereses que convienen a los grandes capitalistas. Entendamos por tanto, que la educación es uno de los escenarios fundamentales, donde los poderes económicos de facto desarrollan sus ofensivas ideológicas. No hay que olvidar que la lucha de clases se desarrolla en tres planos sociales esenciales, el plano económico, político e ideológico-cultural. Ahora lo complejo del hecho educativo es que es un arma de doble filo, así como por un lado puede alienar para el mantenimiento del statu quo, por el otro puede ir brindando los elementos de conciencia necesarios para la emancipación del pueblo. Nuestra lucha entonces, debe ir en la dirección de transformar la educación, como derecho de la gente, en un factor clave para romper la transmisión intergeneracional de la pobreza y la obediencia pasiva de los pueblos a los poderes arbitrarios.

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